Hace un par de fines de semana estuve visitando Roma, una de las ciudad que más ganas tenía de conocer (estaba esperando a tener las fotos para publicar este post). Ya había estado antes dos veces en Italia, una en Milán y otra en Florencia y toda la zona de la Toscana, pero nunca había tenido ocasión de conocer la capital italiana, y dentro de esta nueva etapa me he propuesto (entre otras muchas cosas) aprovechar que desde Barcelona salen muchos vuelos para conocer un poco más ciudades cercanas.
Sin duda, Roma es una de las ciudades de Europa que tiene más que ofrecer a los turistas (pese a ser una ciudad bastante más pequeña de lo que pueda parecer). Yo destacaría especialmente tres vertientes: la Roma religiosa con el Vaticano a la cabeza, la Roma clásica y la Roma antigua con el Colisseo como máximo exponente (y elemento que más me impresionó).
Hicimos las visitas obligadas de la Ciudad del Vaticano, la Plaza y Basílica de San Pedro, los Museos Vaticanos y por supuesto la Capilla Sixtina, bastante impresionante por cierto. Para evitar las largas colas que se forman para entrar, optamos por coger un guía de los que te asaltan por las calles cercanas y, aunque salió un poco caro (unos 50€ por persona), valió la pena. Ya no sólo porque no tuvimos que hacer nada de espera, sino porque para alguien poco puesto en arte como yo, está genial que te vayan explicando los puntos más destacados y su historia. Además tuvimos la suerte de contar con un guía (el de la tarde) que tenía mucha idea y explicaba las cosas con mucha pasión.
Como referente artístico y cultural, Roma ha sido la capital del mundo durante muchos años. Y este legado se puede apreciar hoy en día por ejemplo, en la majestuosidad de las fuentes y monumentos que puedes encontrar en cada esquina o plaza de la ciudad (además de los obeliscos egipcios claro). Además de los numerosos museos (como uno curioso que vimos dedicado a los mejores inventos de Leonardo da Vinci) y exposiciones de pintura a los que no tuvimos ocasión de entrar. Sin embargo, en este sentido todavía me gustó más Florencia, una ciudad de la que tengo un muy grato recuerdo.
La vertiente antigua de Roma es posiblemente la que más me gustó, aunque es verdad que no quedan muchas cosas en pie. Haciendo un pequeño ejercicio de imaginación, aún llegas a imaginar la grandeza del Imperio Romano y de los edificios desde donde se gobernaba medio mundo. Después del viaje a Egipto es complicado encontrar restos de civilizaciones antiguas que me impresionen pero estas están a muy buena altura, especialmente el Colisseo (bastante deteriorado y reconstruido).
El sistema de transportes es bastante bueno, especialmente las líneas regulares de autobús (en las que vimos que nadie picaba los billetes y viajamos gratis todas las veces como si nada) y los tranvías (en estos picamos por vergüenza). Únicamente hay dos líneas de metro (la A y la B) que se cruzan en un sólo puto (la estación de Termini) pero con ellas puedes llegar a las principales zonas turísticas de la ciudad de forma cómoda.
Además el tiempo nos respetó bastante, teniendo en cuenta que media Italia estaba inundada ese fin de semana, y que en Barcelona también estuvo lloviendo todo el fin de semana. Aunque tuvimos algunos momentos en que la lluvia parecía cogerse con fuerza, la mayoría del tiempo tuvimos sol e incluso algo de calor, sobre todo el último día.
Estuvimos alojados en un hotel de 4 estrellas (2’5 estrellas españolas más o menos) a las afueras de la ciudad, a unos 7 kilómetros del centro. Lo que en principio nos parecía una ventaja por el bajo coste del alojamiento, se volvió un poco inconveniente y nos arrepentimos un poco porque para ir teníamos que usar la línea de metro B y dos autobuses, lo que suponía más de hora y media de trayecto en cada sentido. Teníamos que habernos quedado directamente en el centro. A la próxima.
De momento nos espera Canarias en Diciembre!!


